(Escrito para Madarina News - http://www.mandarinaclub.net/)
Existe un pintoresco lugar de Macondo (de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad) en donde se promete algo nuevo. En cualquier caso, cuando algo nuevo surge, existe un proceso por el cual los seres se adaptan y adoptan a la nueva propuesta, en caso de ser favorable; o por el contrario la rechazan y esta muere en el olvido. A esto se llama cambio de paradigma. Estamos en una etapa en la que ya se puede emitir una opinión, debido al tiempo, sobre ésta nueva propuesta y si se debe cambiar de paradigma. Si confunden las comparaciones siguientes entonces mi punto queda probado. De antemano revelo que comparto mi opinión con la de mi compatriota y novelista Arturo Uslar Pietri: "Quien a los 18 años no fue comunista, no tiene corazón; el que a los 30 sigue siendo comunista, no tiene cerebro".
Para los que están familiarizados con el libro de 1969, Maten al León de Jorge Ibargüengoitia, debe resultarles extrañamente similar a la historia actual de Venezuela. La pequeña isla de Arepa en la cual encuentran refugio un cuarto de millón de almas, liderada por un militar de nombre Manuel Belaunzarán que ya se encuentra al final del cuarto periodo en el poder; el último, según la ley de esa República Constitucional, y sin embargo no se ve ninguna intención del regente actual para despejar el sillón presidencial.
La novela de Ibargüengoitia fue publicada en 1969, pero encuentra un eco en su futuro; nuestro presente. Hugo Chávez representa el papel de Manuel Belaunzarán, ambos comparten la celebridad que brinda la actividad bélica con la diferencia que uno es un golpista fracasado y el otro un héroe de guerra, respectivamente. Los venezolanos, como los habitantes de la isla de Arepa, son una mezcla de culturas y en palabras del autor: “unos negros, otros blancos y otros indios”. El león de la novela manda a matar al candidato presidencial de oposición y contrincante del actual vicepresidente de la isla de Arepa, tal y como Hugo Chávez ha prometido “matar políticamente” a sus adversarios haciendo juicios infundados a diestra y siniestra para que, por un resquicio legal, deban dejar la contienda por tener un proceso jurídico activo, dejando a los candidatos oficialistas con buena ventaja. De hecho si no existiera el adverbio “políticamente”, serían hechos gemelos. Ambos comparten experiencias, el líder petimetre se salva de un atentado, uno escandaloso en la vida real y el otro tragicómico en el papel. Ambos tienen amigos y enemigos, lejos y cerca, unos escondidos y otros que brillan. En la obra, un presidente vitalicio cae a manos del rival menos pensado, un violinista de apellido Pereira, solo falta saber si en Venezuela existe ese tal “Pereira”.
El presidente de Venezuela promete al mundo un producto que tiene 50 años de diseño, el comunismo, con una excelente campaña de mercadeo basada en los defectos del producto actualmente mas utilizado, el capitalismo, y además con un nombre nuevo para hacerlo mas atractivo. El llamado “Socialismo del siglo XXI” tiene su origen en el comunismo, y es el paso previo a la finalidad del movimiento Marxista, que recomienda una “revolución social” como antesala al comunismo pleno. Este “Socialismo del siglo XXI” no es mas que un plato refrito, con energía proveída por petrodólares inflados, de un producto que le compró Hugo Chávez a Fidel Castro y que ha probado ser un fracaso. Diez años después de que tomara el poder, la única salida que se le puede ver a Chávez es la misma que al león de la isla de Arepa.